En el campo, una mujer se dedica con esmero a cortar plátanos frescos, listos para ser vendidos y llevar a las mesas de quienes buscan los sabores auténticos de la tierra. Con machete en mano y una mirada decidida, corta los frutos en su punto perfecto, una tarea que requiere destreza y conocimiento del ciclo de cultivo. Cada plátano, cuidadosamente seleccionado, refleja el arduo trabajo diario que mantiene viva la tradición agrícola de la región. Este es un acto de esfuerzo, pero también de esperanza, pues el fruto de su trabajo alimenta a muchas familias y contribuye al sustento de su comunidad. Descubre cómo cada plátano es más que un simple producto: es el resultado de pasión, trabajo duro y dedicación.

Más historias
𝑬𝒋𝒆́𝒓𝒄𝒊𝒕𝒐 𝑬𝒄𝒖𝒂𝒕𝒐𝒓𝒊𝒂𝒏𝒐 𝒅𝒂 𝒖𝒏 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 𝒈𝒐𝒍𝒑𝒆 𝒂 𝒍𝒂 𝒎𝒊𝒏𝒆𝒓𝒊́𝒂 𝒊𝒍𝒆𝒈𝒂𝒍 𝒆𝒏 𝑨𝒛𝒖𝒂𝒚
La Asamblea Nacional entrega al país una Ley Orgánica para la Atención Integral del Cáncer
AGROPZACHIN EP impulsa una ganadería sostenible en la provincia